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Posts Tagged ‘trabajo’

Una de las cosas que más me ha sorprendido de todo esto de la maternidad es que de pronto parece que entres en una liga distinta. Personas con las que siempre me he relacionado con normalidad, de repente me tratan con cierta complicidad por el simple hecho de tener un nene en casa, y eso me tiene algo aturdida, la verdad.

Como una vecina mía con la que apenas he cruzado holas y adioses en el ascensor durante los últimos dos años y que ahora cada vez que me ve me cuenta todas las monadas de sus hijos y lo poco que le dejaban dormir y las barrabasadas que le hacen.

No es que me queje, que también, pero por las mañanas no soy persona y nunca me ha gustado que me hablaran ni que me llamaran al móvil antes de llegar al despacho. Y no porque me hablen realmente, sino porque mi cerebro no rige muy bien y casi no soy capaz más que de balbucear.

Ejemplo de desayuno en mi casa, con mi marido.

Él: ¿Te preparo un café?

Yo: igrfssxxssll

Él: ¿Y quieres que te caliente la leche?

Yo: vhlgonoXXfr vgfrrsdsgono

Pues así hasta que llego al despacho, con lo que podéis imaginar las pedazo conversaciones del ascensor…

El tema es que me he reincorporado completamente, el nene está fabuloso y la mujer que tengo contratada es superdulce con él y cada vez que llega por la puerta se le alegra la cara al churumbel. Podéis imaginar la tranquilidad con la que me voy al trabajo gracias a eso, ¿no?

Pues resulta que no. Vamos, que yo sí me voy tranquila, pero como ahora pertenezco a ese nuevo club del que nadie me había hablado antes, resulta que he descubierto varias cosas, la primera de ellas es que debo tener la sensibilidad del esparto ya que no me siento culpable de nada.

Para que me entendais, aquí van un par de conversaciones reales:

Secretaria de cliente: ¿Y te has reincorporado ya del todo? Buf, lo estarás pasando mal.

Yo: (¿?¿?¿?) ¿Por qué dices eso?

SC: Pues porque yo me acuerdo que cuando tuve que dejar al mayor en la guardería para volver a trabajar me sentía super mala madre…

(Pues yo no, mira por donde) 

—————

Gerente oficina junto a mi despacho: ¡Vaya, qué pronto te has incorporado!

Yo: Sí, la verdad es que tenía ganas.

GO: Ya se nota, ya, que te vienes toda mona y toda puesta.

Yo: Pues sí, vaya, lo normal.

GO: Uf, yo estuve como seis meses con el chándal porque no me daba tiempo de arreglame cuando tuve a la nena. (Aclaro aquí una cosa, esta mujer parece una modelo: rubia natural, altísima, ojos claros, guapa guapa y muy flaca, así que supongo que hasta con chándal está mona).

Yo: Ahhhh

GO: Además, como no la quería dejar con nadie, me tomé un año de excendencia y luego, cuando la llevé a la guardería, ¡no sé quién lloró más, si ella o yo!

Yo: Vaya…

GO: ¡Tenía unos remordimientos de conciencia! Uy, y de salir con las amigas, nada de nada.

Yo: Pues yo me voy de finde en un par de semanas con dos amigas mías…

GO: Pues ya verás, ¡vas a echar más de menos al nene! No vas a poder disfrutar nada. A mi me pasó la primera noche que salí a cenar con mis amigas sin mi marido y sin la nena, y eso que ya tenía casi dos años…

Yo: Ya te contaré. (¡Dos años sin salir con tus amigas! No me mires con esa de cara de decirme tía tarada, que la que está mal eres tú, chata)

—————–

Higienista dental: ¿Te has reincorporado por completo?

Yo: Pues sí. Ya estaba harta de tanto pañal y tanto biberón (aquí ya a la defensiva antes de que se produzca el ataque y me quede en blanco).

H: Te entiendo perfectamente. (¿?)  Yo hice la tontería de cogerme una excedencia y casi me suicido. Estaba fatal, y se me agrió el carácter, sólo necesitaba que volver al trabajo, relacionarme con adultos y olvidarme por unas p horas al día de cacas, pipis, babas y lloros.  Y encima, mi suegra no paraba de decirme que eso de volver a trabajo tan pronto no estaba bien, que el niño me necesitaba a mí y que a ver por qué no me quedaba en casa, que si su hijo no ganaba bastante… ¡Para volverme loca! Pero más loca me hubiera vuelto si le llego a hacer caso… (Esta es que es de las mías)

Lo peor de todo esto es que creo que estas conversaciones las tenemos exclusivamente las mujeres. Porque a mi santo, que es tan progenitor del churumbel como yo, nadie le pregunta ni qué tal es eso de volver a trabajar con el nene, ni le cuentan si se sintieron malos padres o culpables por enviar al nene a una guardería, ni hablan del poco tiempo que tenían para arreglarse cuando estaban cuidando al niño.

De hecho, las conversaciones que he oído son más o menos así:

Alguien: Eh! ¿qué tal el nene?

Él: Buah, grande, un campeón.

A: ¡Genial! Oye, a ver cuándo quedamos y nos vamos por ahí a tomarnos unas cañas…

Él: Vale, ya te llamo.

Si es que no puede ser. La envidia me corroe…

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