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Archive for 4 septiembre 2009

Las ventajas de ser madre

Si hasta ahora este blog ha glosado las desdichas de la embarazada, que son muchas y sólo comprensibles por otra embarazada -y no siempre-, en este post me dispongo a desgranar algunas de las innumerables ventajas de ser madre, al menos en los primeros meses de vida del primer niño. Más allá, todavía no llego.

La primera ventaja es que si de normal padeces insomnio -como es mi caso- de golpe y de repente se te pasa. Como lo oyes. ¿Insomnio? ¿Eso qué es? Tal y como lo cuento. Es más, te quedas dormida en cualquier parte, de cualquier forma y manera. Supongo que el hecho de no poder pegar ojo en meses como una persona normal influye. Como debe influir también el hacerte unos cuantos paseitos a las dos de la madrugada. O a las tres. O a las cuatro. O a las cinco. O, mejor aún: un paseo a las dos, otro a las tres, otro a las cuatro y otro a las cinco. Mano de santo, oye. ¿Qué son las doce del mediodía y hay silencio en casa? Hale, a roncar. ¿Qué son las ocho de la tarde y el nene está tranquilito?  Zzzzzzzz…..

Otra de las ventajas, ya enumerada en otro post, es que encuentras temas de conversación con gente con la que no sabías de qué hablar. Y los hay innumerables: cómo fue el parto; que si el nene tiene cólicos; las monadas que ha hecho hoy, las de ayer y las de mañana; la de pañales que gasta el tío, etc. Lo malo, como ya dije, es que hay veces que la conversación gira exclusivamente en torno a esto, y aunque me estoy convirtiendo en una madre babeante -casi más que mi churumbel- todo tiene un límite. Pero mira, hablar, ya puedo hablar.

Si a tu suegra le gusta eso de tener nietos, te reconcilias un poco con tu familia política. Y ella tan feliz. De hecho, según mi santo, la principal preocupación de su madre cuando yo estaba embarazada era que no le dejáramos estar mucho tiempo con su nieto. Así que mira, gracias a ella y a mi madre, hemos podido ir al cine, a cenar con unos amigos y a pasar un día solitos en la playa este verano. Lo que me lleva a la siguiente ventaja:

Disfrutas muchísimo más las salidas en pareja, ¡qué te voy a contar! Si antes había días que nos quedábamos un fin de semana entero encerrados en casa mientras hacíamos planes que nunca cumplíamos -“podríamos ir al cine”, “hacen una exposición de fotografía en tal sitio”, “dan un concierto de tal esta noche”, “hay una obra de teatro interesante”, etc.- de pronto parece que nos haya dado un ataque de hiperactividad y hacemos planes que si no cumplimos es porque ni mi madre ni mi suegra pueden echarnos un cable en el momento.

La vida sexual, además, se regula. Si antes, gracias al embarazo, no tenía ningunas ganas de sexo, pero mi marido sí, ahora, gracias al cansancio, ganas no tenemos ninguno de los dos, con lo que ya no tengo que poner excusas. Y si queremos hacerlo, lo planificamos con tiempo. Ejemplo: “¿Mamá? Oye, que si puedes quedarte con el nene mañana por la tarde que tenemos que ir a comprar unas cosas y vamos a tener el coche muy cargado…”

Lo malo es que a la tercera vez, tienes que cambiar de excusa para que no se piensen que te ha entrado una crisis consumista. No sé, hay gente muy progresista, pero a mí, particularmente, decirle a mi madre que me cuide al nene porque quiero echar un polvete me da no-sé-qué. Pero si tengo que contar la verdad verdadera, en una de esas nos quedamos dormidos en la cama antes de empezar, y para cuando nos despertamos, se nos había hecho la hora de recoger al chiquitín. Si ya lo he dicho antes: adiós insomnio.

Pero con todo, lo mejor de lo mejor de lo mejor, es cuando tu marido, a las cuatro y cuarto de la madrugada, te da la razón en algo que tú ya habías vaticinado hace tiempo:

El: Oye cari, esto de tener un hijo es muy cansado…

Yo: Ya, bueno, es lo que tiene ser padres a nuestra edad.

Él: Sí, sí, si eso está claro, pero yo no me imaginaba que fuera tan cansado.

Yo: Bueno, pues sí, es cansado.

Él: Pero es que yo pensaba que iba a ser más fácil.

Yo (aquí ya algo mosqueada): Pues no lo es, es así, cansado, vaya.

Él: Sí, pero muy muy cansado…

Yo: Pero bueno, ¿se puede saber qué te pasa a ti ahora?

Él: Pues que me hacía ilusión tener también una nena, pero si las cosas siguen así, se nos va a quedar este de hijo único.

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