Y de pronto me veo, a mis taitantos, embarazada y sin haber decidido aún si quiero o no tener hijos.
Mi primera revisión en la ginecóloga ha ido muy bien:
Gine: ¿Tienes molestias?
Yo: Ninguna.
Gine: Me refiero a náuseas, angustia, hambre, cansancio…
Yo: Pues no.
Gine: ¿Nada de nada?
Mi pareja: Mala leche
Yo: ¡Pero tú que dices!
Mi pareja: Qué sí, que un puntito de mal carácter se te ha puesto, pero es porque has dejado de fumar, cielo.
Yo: Pues eso será.
Gine: ¿Has dejado de fumar? Muy bien, enhorabuena. Ahora a lo que vamos, a tus taitantos eres lo que se llama una embarazada añosa.
Yo: ¿y por qué?
Gine: Pues… porque se llama así. En fin, que te vamos a hacer el paquete completo, con amnio y todo. De momento, estos análisis…
Gracias a los análisis, ahora sé que no tengo ni SIDA, ni sífilis, ni hepatitis ni nada de eso. Pero tampoco tengo toxoplasmosis, a pesar de haber comido carne casi cruda toda mi vida, así como sushi y sashimi, jamón y embutidos varios, sin contar con que tengo un gato desde hace más de diez años… Pues no tengo la toxoplasmosis.
PRIMERA BUENA NOTICIA DEL EMBARAZO: Además de dejar de fumar, dejar de beber y comenzar a hincharme como una bola, no puedo comer ni carne cruda, ni pescado crudo, ni embutidos, ni jamón ni tampoco salazones (por aquello de la tensión, aunque la tengo muy bajita), ni café, ni té ni tampoco pasarme con el azúcar. Es más, dado que me he quedado embarazada con algo de sobrepeso, tampoco puedo engordar más de siete kilos en todo el embarazo.
La segunda revisión ha ido aún mejor: después de la que gine me recomendara que renunciara a mi minina, bronca con todo el mundo que conozco porque esa es la única cosa a la que no voy a renunciar, y más después de haberme informado bien sobre el riesgo de contagio de toxo por parte de un gato que vive en un piso, come pienso y no tiene contacto con otros animales.
Bien empezamos.